
Las casas durante la Revolución Mexicana reflejaban la marcada disparidad social de la época. La vivienda variaba enormemente según la clase social, desde humildes jacales hasta opulentas haciendas.
Para la gran mayoría de la población, la vivienda rural era extremadamente precaria. Los jacales, chozas construidas con materiales como adobe, paja, o carrizo, eran la norma. Generalmente, contaban con una sola habitación, un piso de tierra y un techo hecho de palma o zacate. No tenían servicios básicos como agua corriente o electricidad. La vida dentro de estos jacales era comunitaria y familiar, con varias generaciones compartiendo el espacio.
En las zonas urbanas, la situación era similar para la clase trabajadora. Las vecindades, grandes casas divididas en pequeños cuartos, albergaban a familias numerosas. Las condiciones de higiene eran deficientes y la sobrepoblación era común. Estas vecindades se convirtieron en focos de enfermedades y descontento social.
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Por otro lado, la clase alta vivía en casas espaciosas y bien construidas, a menudo inspiradas en la arquitectura europea. Las haciendas, grandes extensiones de tierra con casas señoriales, eran el símbolo del poder y la riqueza de los hacendados. Estas casas contaban con múltiples habitaciones, jardines amplios, y todas las comodidades disponibles en la época. Los muebles eran importados y la decoración era lujosa.
Un ejemplo típico de vivienda rural era un jacal en el estado de Morelos, donde la familia Zapata vivía humildemente. En contraste, la vivienda de la clase alta podría ser una hacienda en el estado de Chihuahua, con grandes salones y amplias terrazas, símbolo del poder de la élite terrateniente.

Durante la Revolución, muchas casas, tanto humildes como opulentas, sufrieron daños o fueron destruidas en los enfrentamientos. La destrucción de la vivienda y el desplazamiento forzado de la población fueron consecuencias trágicas del conflicto.
Entender cómo eran las casas durante la Revolución Mexicana nos permite comprender mejor las condiciones de vida de la población y las causas del conflicto social. Estudiar la arquitectura de la época nos ofrece una ventana al pasado y nos ayuda a valorar el presente.