
En una entrevista laboral, el lenguaje del entrevistador debe ser primordialmente profesional, claro y respetuoso. Esto significa que debe evitar jergas, ambigüedades y cualquier tipo de comentario que pueda resultar ofensivo o discriminatorio.
El primer paso es la claridad. El entrevistador debe formular preguntas directas y comprensibles. Por ejemplo, en lugar de preguntar "¿Qué habilidades blandas crees que posees que te hagan apto para este puesto?", preguntar "¿Cuáles son tus tres principales habilidades blandas y cómo las has aplicado en el pasado?". Esta última es más directa y facilita la respuesta.
El segundo paso es el profesionalismo. Esto implica mantener un tono formal, evitar interrupciones innecesarias y prestar atención activa al candidato. Un ejemplo de comportamiento profesional es no revisar el teléfono mientras el candidato responde una pregunta, demostrando así interés genuino.
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El tercer paso es el respeto. El entrevistador debe evitar preguntas personales que no estén directamente relacionadas con el trabajo, como el estado civil o la religión. Un ejemplo de conducta respetuosa es preguntar sobre la disponibilidad horaria solo después de haber explicado claramente las responsabilidades del puesto.

Finalmente, el lenguaje no verbal también es crucial. El entrevistador debe mantener contacto visual, mostrar una postura abierta y asentir para demostrar que está escuchando. Un ejemplo es mantener una sonrisa amable y un lenguaje corporal relajado para crear un ambiente cómodo para el candidato.
La importancia de un lenguaje adecuado por parte del entrevistador radica en dos aspectos fundamentales: primero, proyecta una imagen positiva de la empresa, atrayendo a mejores talentos. Segundo, garantiza un proceso de selección justo y equitativo, minimizando sesgos y permitiendo evaluar al candidato de manera objetiva. De esta forma, se aumenta la probabilidad de contratar al candidato más adecuado para el puesto, beneficiando a largo plazo a la organización.