
El principio de legalidad, fundamental en cualquier Estado de Derecho, establece que todo ejercicio del poder público debe estar sometido a la ley vigente. Esto significa que ninguna persona, ni siquiera el Estado, está por encima de la ley, y que todas las acciones gubernamentales deben tener un fundamento jurídico explícito.
Un aspecto clave es la reserva de ley. Esto implica que ciertas materias, especialmente aquellas que afectan los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos, deben ser reguladas exclusivamente por ley, emanada del poder legislativo, el cual es representante de la voluntad popular. No pueden ser reguladas por reglamentos o decretos del poder ejecutivo, salvo delegación expresa y limitada.
Otro aspecto esencial es la jerarquía normativa. Las normas jurídicas no tienen todas el mismo rango. La Constitución es la norma suprema, seguida por las leyes orgánicas, las leyes ordinarias, los decretos legislativos, los decretos leyes, los reglamentos, etc. Una norma de rango inferior no puede contradecir una norma de rango superior. Esta jerarquía asegura la coherencia y la predictibilidad del sistema jurídico.
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La irretroactividad de las leyes es también crucial. Generalmente, una ley no puede aplicarse a hechos o situaciones ocurridos antes de su entrada en vigor, salvo que la propia ley disponga lo contrario y siempre que beneficie al reo en materia penal. Esto protege a los ciudadanos de la aplicación arbitraria de nuevas normas a situaciones ya consolidadas.

La tipicidad, especialmente en materia penal, exige que las conductas consideradas delito estén descritas de manera precisa y clara en la ley. No puede castigarse una conducta que no esté expresamente tipificada como delito. Esto garantiza la seguridad jurídica y evita la arbitrariedad judicial.
Por ejemplo, si una alcaldía decide aumentar los impuestos municipales sin una ley que lo autorice (reserva de ley violada), o si una persona es condenada por un acto que no estaba definido como delito en el momento de su comisión (tipicidad violada), se estaría vulnerando el principio de legalidad.

Otro ejemplo: Una nueva ley que penaliza retroactivamente una acción que antes era legal, salvo que esta ley beneficie al acusado, violaría el principio de irretroactividad.
En la práctica, el principio de legalidad es la base para la protección de los derechos fundamentales y la lucha contra la arbitrariedad. Permite a los ciudadanos conocer sus derechos y obligaciones, y exigir a las autoridades que actúen dentro de los límites establecidos por la ley, asegurando la seguridad jurídica y la confianza en el sistema.