
El calentamiento global se define como el aumento gradual de la temperatura promedio de la atmósfera terrestre y de los océanos. Es esencialmente un tipo específico de cambio climático, pero centrado específicamente en el aumento de las temperaturas.
Para entender el calentamiento global, sigamos estos pasos: Primero, la radiación solar llega a la Tierra. Parte de esta radiación es absorbida por la superficie terrestre y los océanos, calentándolos. Imagina un día soleado en la playa: la arena y el agua se calientan.
Segundo, la Tierra emite radiación infrarroja (calor) de vuelta al espacio. Sin embargo, ciertos gases en la atmósfera, conocidos como gases de efecto invernadero (GEI), como el dióxido de carbono (CO2) y el metano (CH4), absorben parte de esta radiación infrarroja. Piensa en una manta que te mantiene caliente: los GEI atrapan el calor alrededor de la Tierra.
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Tercero, al absorber la radiación infrarroja, los GEI recalientan la atmósfera. Este es el efecto invernadero, que es natural y necesario para mantener la Tierra habitable. Sin embargo, las actividades humanas, como la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) para la energía y la deforestación, aumentan la concentración de GEI en la atmósfera. Por ejemplo, cada vez que conduces un coche de gasolina, estás liberando CO2 a la atmósfera.

Cuarto, el aumento de la concentración de GEI intensifica el efecto invernadero, atrapando más calor y provocando el calentamiento global. Esto lleva a cambios climáticos como el derretimiento de los glaciares y el aumento del nivel del mar. Imagina que estás añadiendo capas extra a tu manta: te calentarás más de lo necesario.
Usos prácticos: Comprender el calentamiento global es crucial para desarrollar estrategias de mitigación, como la transición a energías renovables (solar, eólica) para reducir las emisiones de GEI. También es vital para la adaptación a los efectos del cambio climático, como la construcción de defensas costeras para proteger contra el aumento del nivel del mar.