
Los organigramas, según su ámbito, se clasifican principalmente en dos categorías: macroorganigramas y microorganigramas. Esta clasificación atiende al alcance de la representación estructural de la organización que se busca ilustrar.
Los macroorganigramas representan la estructura de una organización completa, mostrando las relaciones jerárquicas y funcionales entre todas sus áreas y departamentos. Son ideales para ofrecer una visión general de la empresa en su conjunto.
Sus aspectos clave incluyen: la identificación de los principales niveles jerárquicos, la interconexión entre las diferentes divisiones o departamentos, y la presentación de las líneas de autoridad y responsabilidad. Un macroorganigrama suele ser utilizado para la comunicación interna y externa, proporcionando una comprensión clara de la organización.
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Un ejemplo sencillo sería el organigrama de una universidad que muestra la relación entre la rectoría, las facultades, los departamentos académicos y las divisiones administrativas. Otro ejemplo sería el organigrama de una gran corporación que detalla la estructura entre la junta directiva, las vicepresidencias, las gerencias y las diferentes líneas de producción.
En contraste, los microorganigramas se centran en un área o departamento específico dentro de la organización. Proporcionan una visión detallada de la estructura interna de esa unidad en particular, mostrando las relaciones entre los individuos o puestos dentro de ella.

Los elementos esenciales de un microorganigrama son: la identificación de los puestos de trabajo dentro del área, la jerarquía interna de esa unidad, y las responsabilidades asignadas a cada puesto. Son particularmente útiles para la gestión interna de un departamento, la asignación de tareas y la evaluación del desempeño.
Por ejemplo, un microorganigrama podría representar la estructura del departamento de marketing de una empresa, mostrando la relación entre el jefe de marketing, los especialistas en redes sociales, los diseñadores gráficos y los analistas de mercado. Otro ejemplo sería el organigrama del departamento de recursos humanos, detallando las responsabilidades de los reclutadores, los especialistas en capacitación y los encargados de nómina.

En resumen, la elección entre un macroorganigrama y un microorganigrama dependerá del propósito para el cual se utilizará el organigrama. Si se busca una visión general de la organización, el macroorganigrama será la mejor opción. Si se necesita una representación detallada de un área específica, el microorganigrama será más adecuado.
En el mundo real, los organigramas se utilizan ampliamente para mejorar la comunicación, facilitar la toma de decisiones, optimizar la asignación de recursos y promover una mayor transparencia dentro de las organizaciones.