
Primero, identifiquemos el problema central: Riesgo de Úlceras por Presión, según la NANDA. Este es un diagnóstico de enfermería.
¿Qué significa este diagnóstico? Implica que existe una alta probabilidad de que un paciente desarrolle úlceras por presión. Estas son lesiones en la piel.
¿Por qué es importante? Las úlceras por presión causan dolor. Aumentan el riesgo de infección. Prolongan la estancia hospitalaria.
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Parte 1: Factores de Riesgo
El primer paso es identificar los factores de riesgo. Estos aumentan la probabilidad de desarrollar úlceras.
Algunos factores comunes incluyen: Inmovilidad física. Incontinencia urinaria o fecal. Nutrición inadecuada.
También considerar: Alteración de la sensibilidad. Disminución de la perfusión tisular. Edades extremas (muy jóvenes o muy ancianos).
Otros factores a considerar son: Humedad. Fricción. Cizallamiento. Estado mental alterado.

Parte 2: Evaluación del Paciente
Luego, evaluar al paciente individualmente. Usar una escala de valoración de riesgo.
La escala de Braden es una herramienta común. Evalúa percepción sensorial. Humedad. Actividad. Movilidad. Nutrición. Fricción y cizallamiento.
Asignar una puntuación a cada categoría. Sumar las puntuaciones. Una puntuación baja indica mayor riesgo.
Observar la piel del paciente. Buscar áreas de enrojecimiento. Prestar atención a las prominencias óseas. Detectar áreas de calor o frialdad.

Parte 3: Planificación de Intervenciones
Basado en la evaluación, planificar las intervenciones. El objetivo es reducir el riesgo.
Las intervenciones pueden incluir: Cambios posturales frecuentes. Al menos cada dos horas.
Utilizar superficies de apoyo especiales. Colchones de aire. Colchones de espuma viscoelástica.
Mantener la piel limpia y seca. Usar productos protectores de la piel.

Optimizar la nutrición del paciente. Asegurar una ingesta adecuada de proteínas y calorías.
Fomentar la movilidad del paciente. Si es posible, promover la deambulación. Realizar ejercicios de rango de movimiento.
Educación al paciente y la familia. Informar sobre la prevención de úlceras por presión.
Parte 4: Implementación y Evaluación
Implementar las intervenciones planificadas. Asegurarse de que se realicen de forma consistente.

Monitorizar la piel del paciente diariamente. Evaluar la efectividad de las intervenciones.
Documentar todas las intervenciones y observaciones. Comunicar cualquier cambio en el estado del paciente.
Ajustar el plan de cuidados según sea necesario. Basado en la respuesta del paciente.
Finalmente, la NANDA es una guía. La atención individualizada es fundamental.