
En la memoria colectiva de México, la Matanza de Tlatelolco es un evento trágico que marcó un antes y un después. Pero, ¿quién ostentaba el poder en aquel fatídico 2 de octubre de 1968? La respuesta es clara: el presidente de México en ese momento era Gustavo Díaz Ordaz.
Díaz Ordaz fue el responsable último de las decisiones tomadas por el gobierno durante la crisis estudiantil de 1968. Su administración se caracterizó por una política represiva hacia los movimientos sociales, buscando mantener el orden y evitar cualquier alteración en el contexto de los Juegos Olímpicos que se celebrarían en la Ciudad de México poco después.
¿Qué implicaba ser el presidente en ese contexto?
Como presidente, Díaz Ordaz tenía un control absoluto sobre las fuerzas armadas y las instituciones gubernamentales. Esto significaba que:
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- Tenía el mando directo: Las órdenes para la movilización del ejército en la Plaza de las Tres Culturas provenían directamente de su oficina.
- Responsabilidad política y legal: Aunque la cadena de mando involucró a otros funcionarios, la responsabilidad final recaía sobre él como jefe de Estado.
- Control de la narrativa: Su gobierno controlaba los medios de comunicación, lo que le permitió manipular la información sobre los hechos y construir una versión oficial favorable.
Después de la Matanza
Tras la matanza, el gobierno de Díaz Ordaz justificó la acción como una medida necesaria para mantener el orden y proteger la estabilidad del país. Sin embargo, la verdad salió a la luz con el paso del tiempo, revelando la brutalidad y la falta de escrúpulos del régimen.
Aunque muchos otros participaron en la planificación y ejecución de la Matanza de Tlatelolco, la figura de Gustavo Díaz Ordaz permanece como símbolo de la represión y la impunidad que caracterizaron esa época oscura de la historia de México.