La Medicina Basada en Evidencias (MBE) es el uso consciente, explícito y juicioso de la mejor evidencia disponible para tomar decisiones sobre el cuidado de pacientes individuales. Se integra la experiencia clínica individual con la mejor evidencia externa obtenida de la investigación sistemática.
Un aspecto clave de la MBE es el uso de la investigación. No se basa en la intuición, la experiencia anecdótica o la fisiopatología teórica. En cambio, se busca la evidencia más rigurosa posible para responder a preguntas clínicas específicas.
Otro aspecto fundamental es la evaluación crítica de la evidencia. No toda la investigación es igual. La MBE enfatiza la necesidad de analizar la validez, el impacto y la aplicabilidad de los estudios antes de incorporarlos a la práctica clínica. Se evalúan factores como el diseño del estudio, el tamaño de la muestra y el riesgo de sesgo.
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La experiencia clínica del médico también es crucial. La MBE no ignora la pericia clínica, sino que la integra con la evidencia externa. La experiencia permite al médico interpretar la evidencia en el contexto de las características y preferencias del paciente.

Finalmente, la consideración de los valores y preferencias del paciente es esencial. La MBE reconoce que los pacientes tienen diferentes objetivos y prioridades. La decisión final debe ser una decisión compartida entre el médico y el paciente, teniendo en cuenta la evidencia disponible y las preferencias del paciente.
Ejemplo 1: Un paciente con dolor lumbar crónico. En lugar de simplemente recetar analgésicos, la MBE exige buscar estudios que evalúen la efectividad de diferentes tratamientos, como la fisioterapia, la acupuntura o los medicamentos. La elección del tratamiento se basaría en la evidencia encontrada, junto con la experiencia del médico y las preferencias del paciente.

Ejemplo 2: Un paciente con neumonía adquirida en la comunidad. La MBE impulsa a consultar guías de práctica clínica basadas en evidencia para seleccionar el antibiótico más apropiado, teniendo en cuenta la prevalencia local de resistencias bacterianas y el perfil de riesgo del paciente.
La MBE no es una receta inflexible. Es un proceso iterativo de aprendizaje y adaptación. En el mundo real, permite a los profesionales de la salud tomar decisiones más informadas y, en última instancia, mejorar la calidad de la atención al paciente. Es una herramienta esencial para asegurar una práctica médica más efectiva y centrada en el paciente.