
Para Thomas Hobbes, el Estado es un Leviatán, una criatura artificial todopoderosa creada por los hombres mediante un pacto social. Su propósito fundamental es garantizar la seguridad y el orden, protegiendo a los individuos del estado de naturaleza, que Hobbes describe como una "guerra de todos contra todos".
Un aspecto clave es la soberanía absoluta. El soberano, ya sea un monarca o una asamblea, detenta un poder indivisible e ilimitado. Este poder es necesario para hacer cumplir las leyes y prevenir el caos. No hay separación de poderes ni derecho de resistencia, ya que cualquier división debilitaría la autoridad y regresaría a la sociedad al estado de naturaleza.
Otro elemento crucial es el pacto social. Los individuos, motivados por el miedo a la muerte y el deseo de una vida pacífica, renuncian a su derecho a gobernarse a sí mismos y ceden ese derecho al soberano. Este pacto es irrevocable; una vez establecido, los súbditos no pueden revocar su consentimiento.
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La ley, según Hobbes, es la expresión de la voluntad del soberano. Su función es definir lo justo e injusto, lo legal e ilegal. Los ciudadanos deben obedecer las leyes sin cuestionarlas, ya que la desobediencia socava la autoridad del Estado y pone en peligro la seguridad de todos.

Un ejemplo simple sería imaginar una sociedad sin leyes ni gobierno. Cada persona actuaría según sus propios intereses, lo que conduciría a la violencia y la inseguridad. El Leviatán, en cambio, impone leyes que regulan el comportamiento y protegen a los ciudadanos. Otro ejemplo es el contrato que se hace al entrar a un país: al llegar, se acepta sus reglas y leyes.
La concepción del Estado según Hobbes tiene aplicaciones en el mundo real, especialmente en la teoría política y el derecho. Aunque la idea de soberanía absoluta es controvertida, la necesidad de un poder centralizado para mantener el orden y la seguridad sigue siendo un tema relevante en debates sobre la gobernabilidad y el estado de derecho. Su obra influyó en el desarrollo del pensamiento político moderno, y su énfasis en la seguridad como la principal razón de ser del Estado sigue resonando en la actualidad.