
El bicarbonato de sodio, también conocido como bicarbonato sódico o carbonato ácido de sodio, no tiene un punto de ebullición definido en el sentido tradicional. En lugar de hervir, el bicarbonato de sodio se descompone a través de un proceso llamado descomposición térmica.
Esta descomposición térmica ocurre gradualmente al aumentar la temperatura. Aproximadamente a los 80°C (176°F), la descomposición comienza a ser apreciable, acelerándose a medida que la temperatura aumenta. La reacción de descomposición produce carbonato de sodio (sosa), agua (en forma de vapor) y dióxido de carbono.
La ecuación química que representa esta descomposición es la siguiente: 2NaHCO₃ (s) → Na₂CO₃ (s) + H₂O (g) + CO₂ (g). Es importante notar que este proceso no es una simple transición de fase como la ebullición, sino una reacción química irreversible.
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Un aspecto clave es que la velocidad de descomposición depende de la temperatura. Cuanto mayor sea la temperatura, más rápido se descompondrá el bicarbonato de sodio. Además, la humedad puede influir, aunque en menor medida, en la velocidad de descomposición. El bicarbonato de sodio seco se descompone más lentamente que el bicarbonato de sodio húmedo.
La presencia de otros compuestos también puede afectar la descomposición. Por ejemplo, si el bicarbonato de sodio está mezclado con un ácido (como en una receta de repostería), la reacción con el ácido generará dióxido de carbono de forma más rápida, incluso a temperaturas más bajas.

Ejemplo 1: Si calientas bicarbonato de sodio en un horno a 200°C (392°F), se descompondrá rápidamente en carbonato de sodio, agua y dióxido de carbono. Ejemplo 2: Cuando horneas un pastel, el bicarbonato de sodio reacciona con ingredientes ácidos para liberar dióxido de carbono, lo que ayuda a que el pastel se eleve.
La descomposición térmica del bicarbonato de sodio tiene una amplia gama de aplicaciones. En la industria alimentaria, se utiliza como agente leudante. En la industria química, se utiliza para neutralizar ácidos y como fuente de dióxido de carbono. También se usa en extintores de incendios, donde el dióxido de carbono liberado ayuda a sofocar las llamas.