
La Literatura Francesa en la Edad Media abarca las obras literarias producidas en francés, o en lengua d'oïl, desde el siglo XI hasta finales del siglo XV. No se trata de un bloque monolítico, sino de un periodo rico y diverso, marcado por cambios lingüísticos, sociales y culturales.
El primer paso para entender esta literatura es reconocer su carácter oral. Muchas obras eran compuestas para ser recitadas o cantadas, no leídas en silencio. Esto influye en su estilo, con repeticiones, fórmulas y rimas fáciles de recordar. Por ejemplo, los Cantares de Gesta, como la Chanson de Roland, narraban hazañas épicas de héroes medievales y eran difundidos por juglares.
Otro aspecto clave es la influencia de la Iglesia. Gran parte de la literatura temprana tenía un propósito didáctico o religioso. Los Misterios eran obras teatrales que representaban escenas bíblicas. Sin embargo, también surgió una literatura profana, como los romances cortesanos. Un ejemplo es el Roman de la Rose, una alegoría del amor.
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La lengua también evolucionó. El francés antiguo era muy diferente del francés moderno. Observar las diferencias léxicas y gramaticales es crucial para comprender los textos originales. Además, la literatura alegórica era muy popular, utilizando símbolos para representar ideas abstractas. Por ejemplo, la figura de la Fortuna era recurrente.

Finalmente, la poesía lírica, con los troubadours y trouvères, experimentó un auge. Estos poetas cantaban al amor cortés, un concepto idealizado del amor entre un caballero y una dama. Guillaume de Machaut es un ejemplo destacado.
Entender la Literatura Francesa en la Edad Media es crucial para comprender las raíces de la cultura francesa moderna. Permite apreciar la evolución de la lengua y las ideas que moldearon la sociedad. Además, sirve como base para el estudio de otras literaturas europeas, ya que influyó en la creación de obras en otros idiomas.