
La invención del cuadro, según Stoichita, no se refiere a un mero descubrimiento técnico del soporte pictórico. Más bien, alude a un proceso complejo en el que la imagen pictórica se separa gradualmente del mundo real y adquiere una autonomía representacional propia, convirtiéndose en un objeto con sus propias leyes y convenciones.
Un aspecto central es la idea de la doble identidad de la pintura. La pintura es, simultáneamente, un objeto físico (lienzo, madera, pigmentos) y una ventana a otro mundo, una ilusión de realidad. Stoichita argumenta que la tensión entre estas dos identidades es fundamental para entender la función y el significado del cuadro.
La enmarcación juega un papel crucial. El marco delimita el espacio pictórico, separándolo del espacio real y reforzando su carácter de mundo autónomo. El marco no solo aísla la imagen, sino que también la legitima como representación, otorgándole una autoridad visual específica.
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Otro aspecto importante es el desarrollo de la perspectiva. La perspectiva, aunque pretende imitar la visión humana, es en realidad una convención representacional que contribuye a la ilusión de profundidad y realismo en la pintura. La perspectiva centralizada, en particular, organiza la imagen en torno a un punto de fuga, creando una jerarquía visual y una sensación de orden y control.
La noción de la imagen ausente también es clave. Stoichita sostiene que la pintura, al representar algo que no está presente físicamente, inevitablemente evoca la ausencia. La imagen pictórica actúa como un sustituto, un recuerdo, o una promesa de algo que se encuentra más allá de la superficie del cuadro.

Un ejemplo simple: un retrato. El retrato es un objeto físico, pero a la vez representa a una persona ausente. Su marco lo separa de la realidad, y la técnica pictórica utilizada busca crear una ilusión de presencia y carácter. Otro ejemplo: un paisaje. El paisaje pintado nos muestra un lugar que puede estar lejos, incluso inexistente, creando una ventana a un mundo idealizado o recreado.
En el mundo actual, la invención del cuadro sigue siendo relevante para entender cómo interactuamos con las imágenes. Desde la fotografía hasta el cine y los videojuegos, todas estas formas de representación visual heredan la tensión entre la materialidad de la imagen y su capacidad para crear mundos ilusorios. La autonomía representacional que Stoichita analiza en la pintura se extiende a todas las formas de visualidad contemporánea.