
La inflamabilidad es una propiedad química, no física. ¿Qué significa esto? Vamos a explicarlo paso a paso.
Primero, definamos inflamabilidad. Es la capacidad de una sustancia para encenderse y quemarse al exponerse a una llama o calor. En términos sencillos, es lo fácil que algo se prende fuego.
Ahora, la clave está en entender la diferencia entre propiedades físicas y químicas. Una propiedad física se puede observar o medir sin cambiar la composición de la sustancia. Por ejemplo, el color, la forma, la masa o el punto de ebullición del agua son propiedades físicas. Si congelamos agua, sigue siendo agua, solo que en estado sólido (hielo).
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Una propiedad química, en cambio, describe cómo una sustancia reacciona con otras sustancias. Para observar una propiedad química, la sustancia debe experimentar un cambio y transformarse en algo diferente. La inflamabilidad es una de estas propiedades.

Cuando algo se inflama, no solo cambia su forma o estado. Ocurre una reacción química. La sustancia se combina con el oxígeno del aire (oxidación) y produce calor, luz, y nuevos productos, como cenizas, gases y humo. Por ejemplo, la madera quemándose se convierte en cenizas, dióxido de carbono y otros gases. Ya no es madera.
Piénsalo de esta manera: No puedes determinar si algo es inflamable solo observándolo. Tienes que intentar prenderle fuego. Y si se prende fuego, la sustancia original se transforma. Esta transformación es lo que indica que la inflamabilidad es una propiedad química.

Otros ejemplos de propiedades químicas son la corrosividad (la capacidad de un metal para oxidarse) y la reactividad (la capacidad de una sustancia para reaccionar con otras sustancias). Todos estos requieren una reacción química para ser observados.
En resumen, la inflamabilidad describe la capacidad de una sustancia para experimentar una reacción química de combustión. Por lo tanto, es una propiedad química fundamental.