
La química orgánica en los alimentos es fundamental. Comencemos por lo más importante: es el estudio de los compuestos que contienen carbono, y la inmensa mayoría de los componentes de los alimentos están basados en este elemento. Esto incluye carbohidratos, proteínas, grasas, vitaminas, ¡y mucho más!
Pensemos en los carbohidratos. Son la principal fuente de energía y están formados por carbono, hidrógeno y oxígeno. Ejemplos: la glucosa en la fruta, el almidón en la papa, y la celulosa en las verduras. Luego, están las proteínas, esenciales para construir y reparar tejidos. Están compuestas por aminoácidos, que contienen carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, y a veces azufre. La carne, los huevos y las legumbres son ricas en proteínas.
Las grasas (o lípidos) también son cruciales y proporcionan energía y ayudan a absorber vitaminas. Al igual que los carbohidratos, están hechas de carbono, hidrógeno y oxígeno, pero en proporciones diferentes. Ejemplos: el aceite de oliva, la mantequilla y la grasa de la carne. Las vitaminas son moléculas orgánicas necesarias en pequeñas cantidades para funciones vitales. La vitamina C en los cítricos y la vitamina A en las zanahorias son buenos ejemplos.
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Comprender la química orgánica en los alimentos nos ayuda a entender cómo cocinarlos mejor. Por ejemplo, saber que las proteínas se desnaturalizan con el calor explica por qué la carne cambia de color al cocinarse. Entender cómo las grasas reaccionan con el oxígeno (oxidación) nos permite conservarlas mejor y evitar que se pongan rancias. Incluso, nos ayuda a leer las etiquetas de los alimentos y comprender qué significan los ingredientes que contienen, como los aditivos alimentarios que son, en su mayoría, compuestos orgánicos. Estudiar la química orgánica te permite tomar decisiones informadas sobre tu alimentación.