
La Historieta del Sexenio de Gustavo Díaz Ordaz, o "Historieta" como la llamaremos aquí, fue una herramienta de propaganda utilizada durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) en México. En esencia, era un cómic o historieta que buscaba difundir una imagen positiva del presidente y su administración, así como promover los valores que el gobierno consideraba importantes. Su aplicación principal era llegar a un público amplio, especialmente a los sectores populares y a la juventud, a través de un medio de comunicación accesible y entretenido.
Estas historietas no se enfocaban en noticias factuales, sino en narrativas que construían un culto a la personalidad de Díaz Ordaz. Se le presentaba como un líder fuerte, un hombre de familia, un patriota preocupado por el bienestar de la nación y un defensor del orden y la estabilidad.
¿Cómo funcionaba la Historieta? Un paso a paso:
- Selección de Temas: Primero, se elegían temas que reforzaran la imagen deseada. Ejemplo: Supongamos que se quería destacar la inversión en infraestructura. La historieta mostraría a Díaz Ordaz inaugurando una escuela o un hospital, con niños sonriendo y padres agradecidos.
- Creación de la Narrativa: Se creaba una historia sencilla y atractiva, usualmente con un héroe (Díaz Ordaz) resolviendo un problema o superando un obstáculo. Ejemplo: Una sequía afecta a una comunidad rural. Díaz Ordaz, con su visión y determinación, gestiona la construcción de una presa que soluciona el problema.
- Diseño y Distribución: La historieta se dibujaba con un estilo claro y accesible, y se distribuía de forma masiva, a menudo insertada en periódicos o revistas populares. Esto aseguraba un alcance amplio y efectivo.
- Reforzamiento de Mensajes Clave: A través de diálogos y situaciones, se enfatizaban mensajes como la importancia del trabajo duro, el respeto a la autoridad, la unidad nacional y la necesidad de mantener el orden. La estabilidad era un tema recurrente.
Aunque aparentemente inofensiva, la Historieta era una herramienta poderosa para moldear la opinión pública y legitimar el régimen. Su valor radica en entender cómo el gobierno buscaba controlar la narrativa y la percepción del público.
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Es importante recordar que, en el contexto del 68, esta estrategia de comunicación contrastaba fuertemente con la realidad social y política, generando un creciente descontento entre la población.