El Esquema de Fuentes del Derecho Administrativo Español es, básicamente, el conjunto de normas y principios que permiten a la Administración Pública actuar legalmente. Es la base para saber qué puede y no puede hacer la Administración.
Las principales fuentes se organizan jerárquicamente. En la cúspide encontramos la Constitución Española. Es la norma suprema y cualquier otra fuente debe respetarla. Por ejemplo, una ley que limite la libertad de expresión de forma desproporcionada sería inconstitucional.
Luego están las Leyes, aprobadas por el Parlamento (Cortes Generales). Pueden ser leyes orgánicas (que regulan derechos fundamentales) o leyes ordinarias. Un ejemplo es la Ley de Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas.
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Siguiendo en importancia están los Reglamentos. Son normas dictadas por el Gobierno (estatal, autonómico o local) para desarrollar las leyes. Por ejemplo, un reglamento que especifique cómo solicitar una licencia de obra.

Además de las anteriores, existen otras fuentes como los Tratados Internacionales que España haya ratificado, la Costumbre (aunque su uso en derecho administrativo es muy limitado), y los Principios Generales del Derecho. Estos últimos, como el principio de proporcionalidad o el principio de igualdad, sirven para interpretar las normas y llenar posibles lagunas legales.
¿Cómo se aplica esto en la práctica? Imagina que quieres solicitar una beca. Primero, debes conocer la ley que regula las becas. Luego, el reglamento que la desarrolla te indicará los requisitos específicos y el procedimiento. Si crees que se te ha negado la beca injustamente, puedes recurrir, alegando que se ha vulnerado un principio general del derecho, como el de igualdad de oportunidades. Comprender el Esquema de Fuentes te empodera para defender tus derechos frente a la Administración.