
Durante el proceso de la fotosíntesis, se desprende oxígeno (O2). En términos simples, la fotosíntesis utiliza la luz solar, el agua y el dióxido de carbono para crear glucosa (azúcar) para la planta, liberando oxígeno como subproducto.
Este proceso vital ocurre en dos etapas principales:
1. Reacciones dependientes de la luz (Fase luminosa): Esta fase ocurre en los tilacoides dentro de los cloroplastos. La luz solar es absorbida por la clorofila, un pigmento verde. Esta energía lumínica se utiliza para dividir moléculas de agua (H2O). Como resultado de esta división, se liberan electrones, protones (H+), y lo más importante, oxígeno (O2). Por ejemplo, piensa en una hoja de espinaca bajo el sol; las células dentro de esa hoja están activamente partiendo moléculas de agua y liberando oxígeno al aire que respiramos.
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2. Reacciones independientes de la luz (Ciclo de Calvin o Fase oscura): Esta fase ocurre en el estroma del cloroplasto. Aquí, el dióxido de carbono (CO2) del aire se combina con los productos de la fase luminosa (ATP y NADPH) para formar glucosa (C6H12O6). Esta glucosa es la principal fuente de energía para la planta. Mientras este proceso ocurre, el oxígeno ya liberado en la fase luminosa es expelido al ambiente. Imagina que un tomate está creciendo; las hojas de la planta están constantemente tomando CO2 y, al fabricar azúcares, liberan oxígeno que contribuye al aire limpio.

En resumen, la fotosíntesis transforma la energía lumínica en energía química (glucosa), utilizando agua y dióxido de carbono, y liberando oxígeno como desecho.
La importancia de este desprendimiento de oxígeno es fundamental por dos razones principales: 1) Proporciona el oxígeno que necesitan la mayoría de los seres vivos (incluidos los humanos) para respirar y llevar a cabo sus funciones vitales. 2) Ayuda a regular la composición de la atmósfera, reduciendo la cantidad de dióxido de carbono, un gas de efecto invernadero.