
La llegada de la electricidad a México fue un proceso gradual que comenzó a finales del siglo XIX, específicamente en la década de 1870. No hay una fecha única de "llegada", sino una serie de hitos que marcaron su introducción y expansión.
El primer uso documentado de la electricidad en México fue para la iluminación. Las primeras demostraciones se realizaron en la Ciudad de México, con el encendido de lámparas de arco voltaico. Estas lámparas, aunque rudimentarias, causaron gran asombro y marcaron el inicio de una nueva era.
Posteriormente, se instalaron las primeras plantas generadoras de electricidad. Estas plantas, generalmente de pequeña escala, proveían energía a fábricas, teatros y algunos edificios públicos. La inversión inicial provino principalmente de capital extranjero, principalmente estadounidense y europeo.
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Un aspecto crucial fue la creación de las primeras compañías eléctricas. Estas empresas, como la Compañía de Luz y Fuerza Motriz de Necaxa, jugaron un papel fundamental en el desarrollo de la infraestructura eléctrica. La construcción de presas hidroeléctricas y redes de transmisión permitió llevar la electricidad a un mayor número de personas y empresas.
La electrificación no se limitó a la Ciudad de México. Pronto, otras ciudades importantes como Guadalajara y Monterrey también comenzaron a adoptar la electricidad. El ferrocarril, en particular, se benefició enormemente de la electrificación, mejorando la eficiencia y la velocidad del transporte.

Un ejemplo temprano del impacto de la electricidad fue en la industria textil. Las fábricas textiles pudieron operar durante más horas y aumentar su producción gracias a la iluminación eléctrica y la maquinaria impulsada por electricidad.
Otro ejemplo es el tranvía eléctrico. Reemplazó los tranvías tirados por caballos, ofreciendo un medio de transporte más rápido y eficiente en las ciudades.

Es importante destacar que la electrificación inicial se concentró en áreas urbanas y en industrias específicas. La expansión a zonas rurales fue mucho más lenta y requirió inversiones adicionales y políticas públicas específicas.
En el mundo real, la introducción de la electricidad transformó la vida cotidiana y la economía de México. Permitió el desarrollo de nuevas industrias, mejoró la calidad de vida en las ciudades y sentó las bases para el crecimiento económico del país. Su legado continúa siendo fundamental para el México moderno.