
El control administrativo se define como el proceso sistemático de medir y comparar el desempeño real con los estándares establecidos, identificando desviaciones y tomando acciones correctivas para asegurar que los objetivos de la organización se logren. En esencia, es asegurarse de que todo marche según lo planeado.
Este proceso se desglosa en las siguientes etapas:
- Establecimiento de Estándares: Primero, se deben definir los estándares de desempeño. Estos son los criterios contra los que se medirá el éxito. Por ejemplo, una empresa de ventas podría establecer un estándar de "aumentar las ventas en un 10% trimestralmente".
- Medición del Desempeño: A continuación, se mide el desempeño real. Esto implica recolectar datos relevantes y evaluar cómo se están haciendo las cosas. Siguiendo el ejemplo anterior, se analizarían las cifras de ventas reales al final del trimestre.
- Comparación del Desempeño con los Estándares: Se compara el desempeño real con los estándares establecidos para identificar cualquier desviación. Si las ventas aumentaron solo un 5%, hay una desviación negativa del 5%.
- Análisis de Desviaciones: Es crucial analizar las causas de las desviaciones. ¿Por qué no se alcanzaron los objetivos? ¿Hubo problemas de marketing, de producción, o factores externos?
- Acción Correctiva: Finalmente, se toman acciones correctivas para solucionar las desviaciones y prevenir que ocurran nuevamente. En el caso de las bajas ventas, podría implicar ajustar la estrategia de marketing, capacitar al personal de ventas o mejorar la calidad del producto.
El control administrativo es importante porque permite a las organizaciones detectar problemas a tiempo y tomar medidas para corregirlos, asegurando que se mantengan en el camino correcto hacia el logro de sus objetivos. Además, fomenta la mejora continua al identificar áreas donde se pueden optimizar procesos y aumentar la eficiencia.