
Las herramientas de la Prehistoria eran instrumentos rudimentarios creados por los primeros humanos para sobrevivir. Principalmente hechas de piedra, hueso y madera, estas herramientas permitieron la caza, la recolección, y la defensa.
El desarrollo de estas herramientas se dividió en etapas clave. Primero, la Etapa Lítica o Edad de Piedra, caracterizada por la talla de la piedra. Inicialmente, se creaban cantos trabajados, simples piedras golpeadas para obtener un filo. Por ejemplo, una piedra golpeada contra otra para crear una lasca afilada que servía para cortar carne.
Luego, se perfeccionó la técnica con el bifaz, una herramienta de piedra tallada por ambas caras. Imagina una piedra con forma de almendra, afilada por los bordes, que se usaba para cavar, cortar y raspar.
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Posteriormente, se usaron huesos y astas para crear herramientas más finas, como agujas para coser pieles. Un trozo de hueso afilado y perforado con una piedra afilada permitía crear ropa para protegerse del frío. También se fabricaban raspadores para limpiar pieles de animales. Un ejemplo sería una piedra aplanada con un borde afilado utilizada para retirar la grasa de la piel.

Finalmente, con el Neolítico, se desarrolló la pulimentación de la piedra, obteniendo herramientas más resistentes y eficaces. Esto implicaba frotar la piedra contra otra más abrasiva para darle forma y afilarla. Un ejemplo es el hacha pulimentada, más fuerte y duradera que las hachas talladas.
El estudio de las herramientas prehistóricas es fundamental porque nos ayuda a comprender la evolución tecnológica del ser humano y cómo nuestros antepasados se adaptaron a su entorno. Entender cómo crearon estas herramientas nos da una visión de su inteligencia, sus habilidades y su forma de vida. Además, permite reconstruir las migraciones humanas al rastrear la distribución geográfica de diferentes tipos de herramientas.