
Una máquina térmica es un dispositivo que convierte energía térmica en trabajo mecánico. En esencia, toma calor de una fuente de alta temperatura, convierte parte de ese calor en trabajo y luego libera el calor restante a un sumidero de baja temperatura.
El funcionamiento básico se puede dividir en los siguientes pasos:
- Absorción de Calor: La máquina térmica absorbe calor (QH) de una fuente caliente. Un ejemplo sencillo es un motor de combustión interna donde la quema de combustible genera calor.
- Conversión de Calor en Trabajo: Parte de este calor se convierte en trabajo (W). En el motor, la expansión de los gases calientes empuja un pistón, realizando trabajo mecánico.
- Rechazo de Calor: El calor restante (QC) se libera a un sumidero frío. En el motor, esto sucede a través del escape.
Es crucial entender que ninguna máquina térmica es 100% eficiente. Según la segunda ley de la termodinámica, siempre habrá calor residual. La eficiencia (η) se calcula como: η = W / QH, donde W es el trabajo realizado y QH es el calor absorbido.
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Por ejemplo, imagina una máquina que absorbe 100 Joules de calor y realiza 30 Joules de trabajo. El resto, 70 Joules, se liberan como calor residual. Su eficiencia sería del 30% (30/100 = 0.3).

Otro ejemplo: un refrigerador, aunque técnicamente una bomba de calor, sigue principios similares. Consume trabajo (energía eléctrica) para extraer calor de un espacio frío (interior del refrigerador) y liberarlo a un espacio caliente (parte trasera del refrigerador).
Una aplicación práctica y vital de las máquinas térmicas es la generación de energía eléctrica en centrales térmicas. Estas centrales utilizan el calor generado por la quema de combustibles fósiles o la fisión nuclear para producir vapor, el cual impulsa turbinas que generan electricidad. Otro uso importante son los motores de combustión interna en vehículos, que permiten el transporte de personas y mercancías.