
El tejido epitelial se clasifica principalmente según dos criterios: el número de capas celulares y la forma de las células que lo componen.
En cuanto al número de capas, el tejido epitelial puede ser simple o estratificado. El epitelio simple está formado por una sola capa de células, todas en contacto con la membrana basal. El epitelio estratificado, por otro lado, presenta dos o más capas celulares, de las cuales solo la capa más inferior está en contacto con la membrana basal.
Respecto a la forma de las células, se distinguen tres tipos principales: escamosas (o planas), cuboides y cilíndricas (o columnares). Las células escamosas son delgadas y aplanadas, mientras que las cuboides tienen forma de cubo y las cilíndricas son más altas que anchas, semejantes a columnas.
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Combinando estos dos criterios, obtenemos la clasificación completa del tejido epitelial. Por ejemplo, podemos tener un epitelio simple escamoso (una sola capa de células planas), un epitelio estratificado cúbico (múltiples capas de células cúbicas), o un epitelio simple cilíndrico (una sola capa de células columnares).

Existe una clasificación adicional, el epitelio pseudoestratificado. Este parece tener múltiples capas debido a la ubicación variable de los núcleos celulares, pero en realidad es una sola capa de células, aunque no todas alcanzan la superficie apical. Frecuentemente, este tipo de epitelio presenta cilios.
Un ejemplo de epitelio simple escamoso es el revestimiento de los alvéolos pulmonares, donde facilita el intercambio de gases. Un ejemplo de epitelio estratificado escamoso es la epidermis de la piel, que protege contra la abrasión y la deshidratación.

Un tipo especial es el epitelio de transición, que se encuentra en las vías urinarias (vejiga, uréteres). Este epitelio tiene la capacidad de estirarse y cambiar su forma, permitiendo la distensión de estos órganos sin dañarlos.
La clasificación del tejido epitelial es fundamental en histología y patología. Permite identificar el tipo de tejido en una muestra, lo cual es crucial para comprender su función normal y para diagnosticar enfermedades, como el cáncer, donde las células epiteliales pueden sufrir transformaciones.