
México participó en la Segunda Guerra Mundial principalmente de forma indirecta, y posteriormente de manera directa a partir de 1942. Su contribución, aunque modesta en términos militares comparada con las grandes potencias, fue significativa en el contexto latinoamericano y crucial para la estrategia aliada.
Inicialmente, México mantuvo una política de neutralidad. Sin embargo, el gobierno de Manuel Ávila Camacho condenó enérgicamente las agresiones de las potencias del Eje (Alemania, Italia y Japón). Esta postura se fortaleció con la creciente influencia de los Estados Unidos en la región.
El punto de inflexión fue el hundimiento de dos buques petroleros mexicanos, el Potrero del Llano y el Faja de Oro, por submarinos alemanes en mayo de 1942. Estos ataques, que resultaron en la pérdida de vidas mexicanas, provocaron una indignación generalizada y llevaron a México a declarar la guerra a las potencias del Eje el 22 de mayo de 1942.
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La principal contribución militar de México fue el Escuadrón 201, una unidad de la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana (FAEM). Este escuadrón, compuesto por pilotos y personal de apoyo, combatió en la Guerra del Pacífico, participando en misiones de bombardeo y ametrallamiento en Filipinas y Formosa (actual Taiwán) en 1945.
Más allá del Escuadrón 201, México fue un importante proveedor de materias primas a los Estados Unidos, incluyendo petróleo, plata y cobre. Esta contribución económica fue vital para la producción industrial de los Aliados y el esfuerzo bélico general.

Un ejemplo claro de la contribución económica es el aumento significativo de la producción de petróleo mexicano, casi exclusivamente destinado a satisfacer la demanda de combustible de los Estados Unidos. Otro ejemplo es la participación de trabajadores mexicanos en programas laborales en Estados Unidos, supliendo la mano de obra que había sido reclutada para el ejército, programa conocido como “Programa Bracero”.
La participación de México en la Segunda Guerra Mundial, aunque limitada en su alcance militar, tuvo un impacto significativo en su desarrollo interno, fortaleciendo su relación con los Estados Unidos y acelerando su industrialización. Su ejemplo muestra cómo incluso países con recursos limitados pueden jugar un papel importante en conflictos globales, contribuyendo de diversas formas al esfuerzo colectivo por la paz y la seguridad.