
Evaluar los estilos de aprendizaje en preescolar implica identificar cómo los niños y niñas aprenden mejor, observando sus preferencias y cómo procesan la información. No se trata de etiquetar, sino de comprender sus fortalezas para adaptar las estrategias de enseñanza.
Un aspecto clave es la observación directa. Los educadores deben observar a los niños durante las actividades, prestando atención a cómo interactúan con el material, cómo resuelven problemas y cómo participan en grupo. ¿Prefieren manipular objetos, escuchar explicaciones o observar demostraciones? Esta observación debe ser continua y sistemática.
Otra herramienta importante es la documentación anecdótica. Registrar brevemente situaciones específicas donde se evidencie la forma en que un niño aprende. Por ejemplo: "María construyó una torre alta usando bloques siguiendo instrucciones verbales, pero tuvo dificultades al intentar copiar un modelo visual." Esto permite crear un perfil individualizado de cada niño.
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Es fundamental considerar los diferentes estilos de aprendizaje principales: visual (aprenden mejor con imágenes, diagramas y videos), auditivo (prefieren escuchar explicaciones, música o discusiones) y kinestésico (aprenden a través del movimiento, la experimentación y la manipulación de objetos). No obstante, es importante recordar que la mayoría de los niños presentan una combinación de estilos.

Las actividades lúdicas son cruciales. A través del juego, los niños revelan sus preferencias de aprendizaje de forma natural. Un niño visual podría preferir dibujar o pintar; uno auditivo, cantar o escuchar cuentos; y uno kinestésico, construir o jugar con plastilina.
Ejemplo 1: Un niño muestra mayor interés en armar rompecabezas (visual-kinestésico) que en escuchar una historia. Ejemplo 2: Una niña repite las instrucciones de un juego varias veces en voz baja para internalizarlas (auditiva).

Finalmente, la comunicación con los padres es vital. Ellos pueden ofrecer información valiosa sobre cómo aprende su hijo en casa, sus intereses y sus preferencias. Esta información complementa la observación en el aula y permite una evaluación más completa.
En resumen, la evaluación de estilos de aprendizaje en preescolar no es un proceso formal ni estandarizado. Es un proceso continuo y flexible basado en la observación, la documentación y la comunicación, con el objetivo de personalizar la enseñanza y potenciar el desarrollo integral de cada niño. En la práctica, esto significa ofrecer una variedad de actividades que atiendan a los diferentes estilos, creando un ambiente de aprendizaje inclusivo y estimulante.