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La Subjetividad en el Lenguaje, según Émile Benveniste, se refiere a la presencia del hablante en el lenguaje, manifestada a través de los deícticos (yo/tú/aquí/ahora) y otras marcas lingüísticas que señalan la implicación del sujeto en el enunciado. En esencia, el lenguaje no es un sistema objetivo, sino un escenario donde el hablante se posiciona y construye su realidad.
Para entenderlo mejor, sigamos estos pasos:
Paso 1: Los Deícticos. Los deícticos son la base de la subjetividad. "Yo" refiere siempre al hablante en el momento de la enunciación. "Tú" al interlocutor. "Aquí" al lugar donde se habla. "Ahora" al instante en que se dice. Por ejemplo: "Yo estoy aquí, hablando ahora contigo." Cada deíctico cambia de referencia según quién habla y cuándo.
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Paso 2: La Segunda Persona (Tú). La relación "yo-tú" es fundamental. Benveniste argumenta que el "yo" se constituye al dirigirse a un "tú". La intersubjetividad es inherente al lenguaje. Ejemplo: Cuando decimos "Tú tienes razón," reconocemos al otro como sujeto y, al mismo tiempo, afirmamos nuestro propio "yo" que opina.

Paso 3: Modalidades y Actitudes. La subjetividad también se expresa a través de las modalidades verbales y adverbios que muestran la actitud del hablante. Frases como "Creo que...", "Posiblemente...", "Desafortunadamente..." reflejan el juicio y la perspectiva del sujeto. Ejemplo: "Creo que es posiblemente la mejor opción."
En la práctica, comprender la subjetividad en el lenguaje es crucial para el análisis del discurso. Permite identificar la posición del hablante y su impacto en la interpretación del mensaje. Además, es fundamental en la comunicación intercultural para reconocer que las formas de expresar la subjetividad varían entre culturas y lenguas.