En la Roma antigua, los contratos no surgieron de la nada. Su desarrollo fue un proceso gradual, influenciado por la necesidad de regular las relaciones económicas y sociales.
Orígenes Primitivos
Inicialmente, las obligaciones eran casi exclusivamente de carácter religioso. La noción de un pactum, un simple acuerdo de voluntades, no era suficiente para crear una obligación legalmente exigible.
Las primeras formas de obligaciones reconocidas eran formales y ritualistas. Un ejemplo es el nexum, un acto solemne donde una persona se obligaba a otra mediante un ritual. Si no cumplía, podía ser sometido a la potestad del acreedor.
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Otro ejemplo es la sponsio, una promesa formal utilizada en contextos religiosos y políticos que luego se extendió al ámbito privado. Estos actos requerían palabras y gestos precisos para ser válidos.
Del Ius Civile al Ius Gentium
El Ius Civile, el derecho propio de los ciudadanos romanos, era formalista y rígido. Esto significaba que solo las obligaciones que cumplían con ciertas formas preestablecidas eran reconocidas.

Sin embargo, con la expansión de Roma y el aumento del comercio con extranjeros, se hizo necesario un sistema legal más flexible. Así surgió el Ius Gentium, el derecho de gentes, aplicable tanto a ciudadanos romanos como a extranjeros.
El Ius Gentium era más práctico y menos formalista que el Ius Civile. Reconocía la validez de los acuerdos basados en la buena fe y la equidad, incluso si no cumplían con las formas tradicionales.
Desarrollo de los Contratos Consensuales
Una de las mayores contribuciones del Ius Gentium fue el desarrollo de los contratos consensuales. Estos contratos se perfeccionaban por el simple consentimiento de las partes, sin necesidad de formalidades específicas.

Los cuatro contratos consensuales clásicos eran la compraventa (emptio venditio), el arrendamiento (locatio conductio), la sociedad (societas) y el mandato (mandatum).
Por ejemplo, la compraventa se perfeccionaba cuando las partes acordaban el precio y la cosa vendida. A partir de ese momento, ambas partes estaban obligadas: el vendedor a entregar la cosa y el comprador a pagar el precio.

Otros Tipos de Contratos
Además de los contratos consensuales, existían otros tipos de contratos, como los contratos reales y los contratos verbales. Los contratos reales se perfeccionaban con la entrega de la cosa (res). Un ejemplo es el mutuo (préstamo de consumo).
Los contratos verbales se perfeccionaban mediante el uso de ciertas palabras solemnes. La stipulatio era el contrato verbal más común. Era una pregunta formal seguida de una respuesta congruente.
Es importante recordar que esta clasificación no es exhaustiva y que existían otras figuras jurídicas que daban lugar a obligaciones, como los cuasicontratos y los delitos.

Influencia en el Derecho Moderno
Los antecedentes de los contratos en Roma son fundamentales para comprender el derecho contractual moderno. Muchos de los principios y conceptos que utilizamos hoy en día tienen su origen en el derecho romano.
Por ejemplo, la distinción entre contratos consensuales, reales y verbales sigue siendo relevante en algunas jurisdicciones. La idea de la buena fe y la equidad como principios rectores de las relaciones contractuales también tiene raíces romanas.
El estudio de los antecedentes de los contratos en Roma nos permite apreciar la evolución del derecho y comprender mejor los fundamentos de las obligaciones contractuales en la actualidad.