
Las actividades económicas de la cultura Teotihuacana se refieren al conjunto de prácticas y sistemas que permitieron a la ciudad de Teotihuacán prosperar y sostener su gran población.
El primer pilar fue la agricultura. Los Teotihuacanos implementaron técnicas de irrigación y terrazas para maximizar la producción de maíz, frijol, calabaza y chile. Por ejemplo, la construcción de canales les permitió cultivar en áreas que antes eran áridas.
En segundo lugar, la artesanía jugó un papel crucial. Eran hábiles alfareros, lapidarios (trabajadores de la piedra), y tejedores. Producían cerámicas finas, objetos de obsidiana (herramientas, adornos), y textiles de alta calidad. Un ejemplo clave es la producción masiva de cerámica naranja delgada, que se exportaba ampliamente.
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El comercio era fundamental. Teotihuacán controlaba importantes rutas comerciales y era un centro de intercambio de bienes. Importaban materias primas como jade, plumas preciosas y conchas marinas, y exportaban sus productos manufacturados y agrícolas. La evidencia arqueológica muestra la presencia de cerámica teotihuacana en sitios tan lejanos como Guatemala.

Finalmente, la explotación de recursos naturales, especialmente la obsidiana, era vital. Las minas de obsidiana cercanas a Teotihuacán proporcionaban la materia prima para la fabricación de herramientas y armas, generando un importante ingreso y poder.
Comprender las actividades económicas de Teotihuacán es importante para entender cómo una ciudad tan grande y compleja pudo sostenerse y prosperar. Además, nos permite reconstruir la estructura social y política de la cultura Teotihuacana, mostrando cómo el control de los recursos y el comercio influyó en su poder e influencia en Mesoamérica.