Los Principios Generales del Derecho (PGD) son enunciados normativos generales que, sin haber sido incorporados al ordenamiento jurídico en virtud de procedimientos formales, se entienden como verdades fundamentales del derecho, derivadas de la justicia y la naturaleza de las cosas.
Uno de sus aspectos clave es su función como fuente subsidiaria del derecho. Esto significa que se aplican en defecto de la ley o la costumbre, supliendo sus lagunas y guiando la interpretación de las normas existentes. Su objetivo principal es asegurar la coherencia y la plenitud del ordenamiento jurídico.
Los PGD también operan como criterios de interpretación. Ayudan a comprender el sentido y alcance de las leyes, evitando interpretaciones injustas o contrarias a los principios básicos del derecho. Facilitan que la aplicación de la ley se ajuste a los valores fundamentales de la sociedad.
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Otro aspecto relevante es su carácter no taxativo. No existe una lista cerrada de PGD, sino que se derivan de la jurisprudencia, la doctrina y la conciencia social. Esto les permite adaptarse a las nuevas realidades y a la evolución del derecho.

La buena fe es un principio general fundamental. Exige a las personas actuar con honestidad y lealtad en sus relaciones jurídicas. Por ejemplo, un contrato no puede ser ejecutado de forma abusiva, aprovechándose de la posición de desventaja de la otra parte.
El principio de igualdad ante la ley también es crucial. Implica que todos los ciudadanos deben ser tratados de la misma manera por el derecho, sin discriminación por motivos de raza, sexo, religión, etc. Una ley que favoreciera arbitrariamente a un grupo social sobre otro violaría este principio.

Otro ejemplo es el principio de enriquecimiento injusto. Nadie debe enriquecerse a costa del empobrecimiento de otro sin una causa jurídica que lo justifique. Si alguien recibe un pago indebido, debe devolverlo.
La aplicación real de los PGD se observa en la resolución de conflictos judiciales complejos donde la ley es ambigua o incompleta. Los jueces recurren a estos principios para encontrar una solución justa y equitativa, adaptando el derecho a las circunstancias del caso concreto. Suponen un contrapeso a la rigidez de la norma escrita, asegurando que el derecho se ajuste a los ideales de justicia y equidad.