
En el fútbol, el control se refiere a la habilidad de un jugador para recibir el balón y dejarlo listo para su siguiente acción. Implica detener o suavizar la velocidad del balón usando diferentes partes del cuerpo.
¿Qué implica un buen control?
Un buen control no solo significa parar el balón. Significa:
- Amortiguar el impacto: Reducir la velocidad del balón para que no rebote lejos.
- Orientar el balón: Dirigir el balón hacia donde el jugador quiere ir.
- Preparar la siguiente jugada: Dejar el balón en la posición ideal para un pase, un disparo o un regate.
Tipos de Control
Existen varios tipos de control, dependiendo de la parte del cuerpo que se utilice y la trayectoria del balón.
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Control con el Pie
Es el más común. Se puede controlar el balón con:
- Empeine: Para balones que vienen altos o a media altura. Imagina recibir un pase largo y bajar el balón con la parte superior del pie.
- Planta del pie: Ideal para balones que ruedan por el suelo. Permite detener el balón rápidamente. Piensa en pisar el balón para frenarlo.
- Interior del pie: Perfecto para pases rasos. Facilita orientar el balón hacia un lado u otro. Es como darle la bienvenida al balón con el lado interno del pie.
- Exterior del pie: Útil para controlar balones que vienen desde un ángulo. Permite cambiar la dirección del balón rápidamente.
Control con el Muslo
Se utiliza para bajar balones que vienen desde arriba. El muslo actúa como un amortiguador. Imagina recibir un centro alto y bajar el balón con la parte superior de la pierna.

Control con el Pecho
Similar al control con el muslo, pero se usa con el pecho. También sirve para bajar balones altos. Hay que flexionar el cuerpo para amortiguar el impacto.
Control con la Cabeza
Se emplea para dirigir el balón con la frente. Se usa para despejar, pasar o incluso intentar un remate. Es importante usar la frente, no la parte superior de la cabeza, para tener mayor control.

Importancia del Control
El control es fundamental en el fútbol. Un buen control permite:
- Mantener la posesión del balón: Evita perder el balón ante la presión del rival.
- Crear oportunidades de ataque: Permite preparar pases precisos y disparos a puerta.
- Mejorar el juego en equipo: Facilita la conexión entre los jugadores.
Practicar los diferentes tipos de control es esencial para cualquier jugador de fútbol, independientemente de su posición en el campo. Dominar esta habilidad marca la diferencia entre un buen jugador y uno excelente.