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Una reacción de óxido-reducción, también conocida como reacción redox, es una reacción química en la que uno o más electrones se transfieren entre los reactivos. En términos sencillos, implica la oxidación de una sustancia y la reducción de otra simultáneamente.
Oxidación: Se define como la pérdida de electrones por parte de un átomo, molécula o ion. Cuando una sustancia se oxida, su número de oxidación aumenta. Por ejemplo, el hierro (Fe) se oxida al reaccionar con el oxígeno (O2) para formar óxido de hierro (Fe2O3), comúnmente conocido como óxido. En este caso, el hierro pierde electrones.
Reducción: Es la ganancia de electrones por parte de un átomo, molécula o ion. Cuando una sustancia se reduce, su número de oxidación disminuye. Siguiendo el ejemplo anterior, el oxígeno gana electrones al combinarse con el hierro, por lo tanto, se reduce.
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Es importante recordar que la oxidación y la reducción siempre ocurren juntas. No puede haber una oxidación sin una reducción concomitante. La sustancia que se oxida (el hierro en nuestro ejemplo) se denomina agente reductor, ya que provoca la reducción de otra sustancia. La sustancia que se reduce (el oxígeno en nuestro ejemplo) se denomina agente oxidante, ya que provoca la oxidación de otra sustancia.

Un ejemplo cotidiano es la combustión, como cuando quemamos madera. La madera (principalmente carbono) se oxida al combinarse con el oxígeno del aire, liberando energía en forma de calor y luz. El oxígeno se reduce en este proceso.
Las reacciones redox son cruciales en muchos procesos, incluyendo la producción de energía en baterías y la corrosión de metales. Entenderlas es fundamental para controlar y aprovechar estos procesos en diversas aplicaciones industriales y científicas.