
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una droga es toda sustancia que, introducida en el organismo por cualquier vía de administración, produce de algún modo una alteración del natural funcionamiento del sistema nervioso central del individuo y además es susceptible de crear dependencia, ya sea psicológica, física o ambas.
Un aspecto clave de la definición es la alteración del sistema nervioso central. Esto significa que la droga afecta el cerebro y la médula espinal, modificando la percepción, el estado de ánimo, el pensamiento o el comportamiento. La intensidad y el tipo de alteración varían según la droga, la dosis, la frecuencia de uso y las características individuales de la persona.
Otro elemento fundamental es la vía de administración. Las drogas pueden ingresar al cuerpo de diversas maneras: inhalación, inyección, ingestión, absorción a través de la piel o las mucosas, etc. La vía de administración influye en la rapidez con que la droga alcanza el cerebro y, por lo tanto, en la intensidad de sus efectos.
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La dependencia es un concepto crucial. Puede ser física, donde el cuerpo se adapta a la presencia de la droga y experimenta síntomas de abstinencia si se interrumpe su consumo. O puede ser psicológica, donde la persona siente una necesidad compulsiva de consumir la droga para experimentar sus efectos placenteros o evitar sentimientos negativos.
Es importante destacar que la OMS incluye en su definición tanto sustancias legales como ilegales. El alcohol y el tabaco, por ejemplo, son drogas legales que cumplen con la definición de la OMS y pueden generar dependencia y graves problemas de salud.

Ejemplos: La heroína, una droga ilegal, altera drásticamente el sistema nervioso central y genera una fuerte dependencia física y psicológica. El alcohol, aunque legal en muchos países, también altera el sistema nervioso central y puede causar dependencia y daños graves al hígado y otros órganos.
La definición de la OMS es fundamental para comprender la naturaleza de las drogas y sus efectos. Su aplicación práctica es amplia, desde la elaboración de políticas públicas de prevención y tratamiento hasta la investigación científica sobre los mecanismos de acción de las drogas y el desarrollo de nuevas terapias.