
La expropiación petrolera en México, decretada el 18 de marzo de 1938 por el presidente Lázaro Cárdenas, fue favorecida por una confluencia de circunstancias externas, principalmente la creciente tensión internacional previa a la Segunda Guerra Mundial y la Gran Depresión.
Un factor clave fue la Gran Depresión. La crisis económica mundial debilitó el poder de negociación de las potencias extranjeras que controlaban la industria petrolera mexicana. Su enfoque estaba en resolver sus propios problemas económicos internos, disminuyendo su capacidad e interés en resistir enérgicamente la expropiación.
Otro factor importante fue el ascenso de regímenes fascistas y autoritarios en Europa. Las potencias democráticas, como Estados Unidos y Gran Bretaña, estaban cada vez más preocupadas por el auge de Hitler y Mussolini. En este contexto, mantener la estabilidad en América Latina, incluido México, se volvió prioritario. Evitar un conflicto innecesario con México era más estratégico que defender a ultranza los intereses de las compañías petroleras.
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La política del "Buen Vecino" implementada por el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt también jugó un papel significativo. Esta política buscaba mejorar las relaciones con los países latinoamericanos a través de la no intervención y la cooperación económica. Aunque Estados Unidos no apoyó explícitamente la expropiación, la política del "Buen Vecino" limitó su margen de maniobra para presionar a México de manera agresiva. Un ejemplo de esto es la búsqueda de soluciones diplomáticas en lugar de intervenciones militares o económicas directas, a pesar de la presión interna para proteger los intereses de las empresas estadounidenses.

Además, las compañías petroleras extranjeras mostraron una actitud inflexible durante las negociaciones laborales y contractuales con el gobierno mexicano. Su negativa a cumplir con las leyes laborales mexicanas y a invertir en el desarrollo del país erosionó su legitimidad y creó un clima de opinión pública favorable a la expropiación. Su resistencia a aumentar los salarios y mejorar las condiciones laborales exacerbó la situación.
La crisis internacional distrajo la atención de las potencias y las obligó a priorizar otras áreas. El gobierno mexicano aprovechó esta ventana de oportunidad para nacionalizar la industria petrolera. Por ejemplo, Gran Bretaña, tradicionalmente un defensor de los intereses petroleros, estaba mucho más preocupada por la amenaza de Alemania que por la situación en México.

En resumen, la combinación de la Gran Depresión, el auge de regímenes autoritarios, la política del "Buen Vecino" y la intransigencia de las compañías petroleras creó un entorno externo propicio para la expropiación. Esta decisión tuvo un impacto significativo en la economía mexicana y en la relación de México con el mundo.
En el mundo actual, este evento sigue siendo un ejemplo de cómo las circunstancias geopolíticas y económicas influyen en las decisiones soberanas de los países sobre sus recursos naturales.