
Los plásticos son aislantes eléctricos, lo que significa que no conducen electricidad. Esta es su característica más importante y la razón principal por la que los usamos para proteger cables y aparatos eléctricos.
¿Por qué no conducen electricidad? La clave está en su estructura atómica. La electricidad es el flujo de electrones a través de un material. Para que un material conduzca electricidad, debe tener electrones que puedan moverse libremente. En los metales, como el cobre, los electrones están "deslocalizados", es decir, no están fuertemente unidos a un átomo específico y pueden moverse fácilmente entre los átomos. Esto permite que la electricidad fluya.
En los plásticos, sin embargo, los electrones están fuertemente unidos a los átomos que forman las largas cadenas moleculares (polímeros) que componen el plástico. Estos electrones están involucrados en los enlaces covalentes que mantienen unida la estructura del plástico. Es como si cada electrón tuviera un trabajo específico y no pudiera dejarlo para "viajar" y transportar la corriente eléctrica.
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Un ejemplo sencillo: imagina que tienes una tubería llena de bolas. Si las bolas pueden moverse libremente a través de la tubería, puedes empujar una bola por un extremo y otra saldrá por el otro. Esto sería como un conductor eléctrico. Ahora imagina que las bolas están pegadas entre sí. Si intentas empujar una bola por un extremo, no se moverán. Esto sería como un plástico.
Gracias a esta propiedad de no conductividad, los plásticos se utilizan en infinidad de aplicaciones cotidianas. Los enchufes, los interruptores, el aislamiento de los cables, las carcasas de los electrodomésticos: todos utilizan plástico para protegernos de descargas eléctricas. La próxima vez que veas un cable, observa el plástico que lo recubre. Está ahí para mantenerte seguro y la electricidad donde debe estar.