
La NOM-087-SEMARNAT-SSA1-2002-DOF establece los requisitos para la separación, envasado, almacenamiento, recolección, transporte, tratamiento y disposición final de los Residuos Peligrosos Biológico-Infecciosos (RPBI). En esencia, define cómo manejar desechos que pueden contener agentes biológicos que representan un riesgo para la salud humana y el medio ambiente.
El primer aspecto crucial es la identificación y clasificación de los RPBI. Se dividen en cinco tipos principales: sangre y fluidos corporales; cultivos y cepas de agentes infecciosos; patológicos (tejidos, órganos y partes que se remueven durante necropsias, cirugías o tratamientos); residuos no anatómicos (materiales desechables contaminados con sangre o fluidos); y objetos punzocortantes.
Posteriormente, la norma detalla el envasado y etiquetado. Los residuos líquidos deben colocarse en recipientes herméticos. Los sólidos en bolsas rojas o amarillas, según su tipo. Los punzocortantes, como agujas y bisturís, van en contenedores rígidos de polipropileno rojo. Cada envase debe estar debidamente etiquetado con la leyenda "Residuos Peligrosos Biológico-Infecciosos" y el símbolo universal de riesgo biológico.
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El almacenamiento temporal de RPBI debe realizarse en áreas específicas, señalizadas y con acceso restringido. El tiempo de almacenamiento depende de la cantidad de residuos generados, pero en general no debe exceder los 7 días. La temperatura debe ser controlada para evitar la proliferación de microorganismos.
El transporte de RPBI requiere vehículos autorizados y personal capacitado. Los residuos deben estar correctamente envasados y protegidos para evitar derrames o fugas durante el traslado. Se debe llevar un registro detallado de los residuos transportados.

El tratamiento de los RPBI tiene como objetivo inactivar los agentes infecciosos. Los métodos más comunes incluyen la esterilización por autoclave (vapor a presión) y la incineración. Una vez tratados, los residuos pueden ser dispuestos en rellenos sanitarios autorizados.
Disposición final: Únicamente los RPBI que han sido tratados (esterilizados o incinerados) pueden ser dispuestos en rellenos sanitarios autorizados. Se debe mantener un registro de los residuos tratados y su disposición final.

Un ejemplo simple: Un hospital debe separar las gasas con sangre (residuo no anatómico) en bolsas rojas, mientras que las agujas usadas se colocan en contenedores rígidos rojos. Otro ejemplo: Un laboratorio que realiza análisis clínicos debe esterilizar en autoclave los cultivos de bacterias antes de desecharlos.
La NOM-087 tiene una amplia aplicación en hospitales, laboratorios clínicos, consultorios médicos y dentales, centros de investigación, bancos de sangre y cualquier establecimiento que genere RPBI. Su correcta aplicación es crucial para proteger la salud pública y prevenir la propagación de enfermedades infecciosas.