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La corrupción en la Liga MX, como en cualquier liga deportiva, se refiere al abuso de poder para obtener beneficios personales o ventajas injustas, perjudicando la integridad del juego y la competencia. En esencia, es hacer trampa de forma organizada.
Uno de los tipos más comunes es el amaño de partidos. Esto ocurre cuando jugadores, entrenadores o árbitros manipulan el resultado de un partido. El objetivo puede ser ganar dinero apostando o favorecer a un equipo específico. Por ejemplo, un árbitro que recibe dinero para favorecer a un equipo pitando penaltis inexistentes o ignorando faltas claras del equipo contrario. Esto distorsiona la verdadera competencia.
Otro problema es el soborno. Aquí, se ofrece dinero o favores a jugadores o árbitros para influir en su desempeño. Imaginemos un defensor al que le ofrecen una gran suma para hacerse un autogol. Aunque el soborno no siempre es exitoso, el solo intento ya daña la credibilidad de la liga.
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La transferencia irregular de jugadores es otra forma de corrupción. Esto implica inflar los precios de los jugadores para desviar dinero a cuentas personales. Un club podría pagar un precio excesivo por un jugador de calidad dudosa, y la diferencia se divide entre los involucrados en la transacción. Esto afecta la economía de los clubes y la calidad de la liga.
La influencia indebida en decisiones arbitrales es común. A veces, directivos de clubes o federativos presionan a los árbitros para que favorezcan a sus equipos.
Por ejemplo, amenazar con no volver a asignarle partidos a un árbitro si no sigue sus indicaciones.Esta presión socava la imparcialidad del arbitraje.

Finalmente, el lavado de dinero puede ocurrir a través de la compra y venta de clubes o jugadores. Organizaciones criminales pueden usar el fútbol para blanquear fondos ilícitos, aprovechando la opacidad de algunas transacciones. Este tipo de corrupción es especialmente dañino porque introduce dinero sucio en el deporte.
Estos actos de corrupción no solo perjudican la competencia deportiva, sino que también erosionan la confianza de los aficionados y dañan la reputación de la Liga MX. Combatir la corrupción requiere transparencia, mecanismos de control más estrictos y la cooperación de todos los involucrados.