
¿Alguna vez has escuchado la frase “Haced morir las obras de la carne”? Suena un poco fuerte, ¿verdad? Pero, ¿qué significa realmente? En pocas palabras, se refiere a la acción de controlar y eliminar los deseos y comportamientos pecaminosos que surgen de nuestra naturaleza humana caída. No se trata de matarnos físicamente, ¡claro que no! Se trata de luchar contra aquellas tendencias internas que nos alejan de Dios y de una vida plena.
Entonces, ¿cómo funciona esto en la práctica? Imagina que la “carne” es como un jardín lleno de malas hierbas. Estas malas hierbas representan los deseos egoístas, la envidia, la ira, la pereza, la lujuria, y otras cosas que nos tientan a hacer lo incorrecto. “Hacer morir las obras de la carne” es como arrancar esas malas hierbas de raíz. Pero, ¿cómo se hace eso?
Primero, debemos reconocer cuáles son esas “malas hierbas” en nuestra vida. ¿Te enojas fácilmente? ¿Pasas mucho tiempo en redes sociales comparándote con otros? ¿Sientes celos cuando a un amigo le va bien? Identificar estos problemas es el primer paso. Luego, necesitamos reemplazar esos malos hábitos con buenos. Por ejemplo, en lugar de enojarte, puedes intentar respirar profundamente y contar hasta diez. En lugar de sentir envidia, puedes alegrarte por el éxito de tu amigo y orar por él. Es un proceso de sustitución: sacamos lo malo y metemos lo bueno, como plantar flores en lugar de malas hierbas.
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La Biblia nos da las herramientas para hacer esto. La oración nos conecta con Dios, quien nos da la fuerza para resistir la tentación. La lectura de la Biblia nos enseña qué es lo correcto y nos muestra ejemplos de personas que lucharon contra sus propios deseos. Y el apoyo de una comunidad cristiana (amigos, familia, iglesia) nos ayuda a mantenernos firmes en nuestra lucha. No estamos solos en esto.

¿Y por qué importa hacer todo esto? Porque “hacer morir las obras de la carne” nos permite vivir una vida más libre y plena. Cuando controlamos nuestros deseos pecaminosos, somos más capaces de amar a los demás, de servir a Dios y de experimentar la paz y el gozo que Él nos ofrece. Es como deshacerse de una mochila pesada llena de problemas; de repente, podemos correr más rápido y disfrutar del camino.
En resumen, “hacer morir las obras de la carne” es un proceso continuo de lucha contra nuestras malas tendencias. No es fácil, pero con la ayuda de Dios y la práctica constante, podemos vencer el mal y vivir una vida que le agrade.