
Las fases del sueño son los distintos estados fisiológicos y neurológicos que experimentamos mientras dormimos, cada uno caracterizado por patrones específicos de actividad cerebral medidos a través de electroencefalogramas (EEG). Estas fases se repiten en ciclos a lo largo de la noche.
El sueño No REM (NREM) se compone de tres o cuatro etapas (dependiendo de la clasificación más reciente) que se distinguen por su profundidad. La fase 1 es una transición entre la vigilia y el sueño, con ondas cerebrales lentas (ondas theta) y movimientos oculares lentos. La fase 2 se caracteriza por la aparición de husos del sueño y complejos K en el EEG. La fase 3 (y anteriormente la 4) es el sueño más profundo, donde predominan las ondas delta, siendo difícil despertar a alguien.
El sueño REM (Rapid Eye Movement), también conocido como sueño paradójico, se caracteriza por movimientos oculares rápidos, atonía muscular (parálisis muscular) y una actividad cerebral similar a la de la vigilia. Es durante esta fase que soñamos con mayor viveza.
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Las ondas cerebrales son fluctuaciones eléctricas producidas por la actividad neuronal en el cerebro. Cada fase del sueño se asocia con un rango específico de frecuencias de estas ondas. Las ondas alfa (8-12 Hz) predominan en un estado de relajación despierta. Las ondas theta (4-7 Hz) están presentes en la fase 1 del sueño. Las ondas delta (0.5-4 Hz) dominan el sueño profundo NREM (fase 3). Durante el sueño REM, la actividad cerebral se asemeja a las ondas alfa y beta (12-30 Hz).

Por ejemplo, si alguien se despierta repentinamente durante la fase 3 del sueño NREM, puede sentirse desorientado y aturdido, un fenómeno conocido como "inercia del sueño". En contraste, despertarse durante el sueño REM suele resultar en un recuerdo más nítido de los sueños. Otro ejemplo es la narcolepsia, un trastorno del sueño en el cual las personas pueden entrar directamente en la fase REM desde la vigilia.
El conocimiento de las fases del sueño y las ondas cerebrales tiene importantes aplicaciones en el campo de la medicina del sueño. Permite diagnosticar y tratar trastornos del sueño como el insomnio, la apnea del sueño y la narcolepsia. También ayuda a optimizar el rendimiento cognitivo y físico a través de la higiene del sueño y la cronobiología.