
"Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" (Hebreos 11:1 NVI) es una definición clave de la fe cristiana. Desglosemos esta importante declaración paso a paso.
Primero, la fe no es simplemente desear algo con fuerza. No es optimismo ciego ni una simple esperanza vaga. La fe es algo mucho más sólido y fundamentado.
Segundo, "la certeza de lo que se espera". La palabra clave aquí es "certeza". Significa tener una seguridad absoluta, una garantía. No es "quizás" o "ojalá", sino una firme convicción. Esperamos algo que ya es nuestro, aunque aún no lo veamos completamente realizado. Por ejemplo, un agricultor siembra semillas con la certeza de que cosechará, aunque todavía no vea el fruto.
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Tercero, "la convicción de lo que no se ve". Aquí, la palabra clave es "convicción". Es una persuasión interna profunda, una creencia inquebrantable. La fe nos permite confiar en realidades espirituales que no podemos percibir con nuestros sentidos físicos. No vemos a Dios, pero tenemos la convicción de su existencia y su amor.

En resumen, la fe bíblica es tener la certeza de que las promesas de Dios son verdaderas y se cumplirán, incluso si aún no las vemos. Es la convicción de que las realidades espirituales son tan reales, o incluso más reales, que lo que vemos y tocamos.
Ejemplo: Imaginemos que Dios promete sanar a alguien enfermo. La fe no es solo desear que se cure. La fe es tener la certeza de que Dios tiene el poder de sanar y que, si es su voluntad, esa persona será sanada. Es la convicción de que Dios escucha nuestras oraciones y actúa conforme a su plan, aunque no veamos la sanación de inmediato.

"Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve." (Hebreos 11:1 DHH)
La fe no es ciega. Está basada en la confianza en el carácter de Dios y en las promesas que encontramos en la Biblia. Es una respuesta a la revelación de Dios, una confianza activa que nos impulsa a vivir de acuerdo con su voluntad.
Por lo tanto, la fe es mucho más que una simple creencia; es una fuerza poderosa que transforma nuestra vida y nos conecta con Dios.