El Buen Amor en la pareja, un concepto popularizado por el psicólogo Walter Riso, se refiere a una forma de relación sentimental sana, equilibrada y constructiva. No se trata de un amor idealizado o romántico, sino de un amor realista que reconoce las imperfecciones, respeta la individualidad y promueve el crecimiento mutuo.
En esencia, el Buen Amor se basa en tres pilares fundamentales:
1. Deseo: Atracción física, emocional e intelectual hacia la pareja. Este deseo debe ser genuino y recíproco, no una mera idealización o necesidad de llenar un vacío.
2. Compromiso: La voluntad de construir un proyecto de vida en común, superar obstáculos y mantener la relación a pesar de las dificultades. Implica responsabilidad, lealtad y dedicación.
3. Cuidado: Preocupación por el bienestar físico y emocional de la pareja. Incluye el apoyo incondicional, la empatía, la escucha activa y el respeto por sus necesidades y deseos.
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A diferencia del "mal amor", caracterizado por la dependencia, el control, los celos y la idealización, el Buen Amor se nutre de la libertad y la autonomía. En una relación basada en el Buen Amor, cada miembro mantiene su individualidad, persigue sus propios intereses y se siente apoyado por su pareja en su crecimiento personal.
Ejemplo: En lugar de prohibir a tu pareja salir con sus amigos porque te sientes inseguro (mal amor), aceptas y respetas su necesidad de tener vida social fuera de la relación (Buen Amor). Confías en el compromiso mutuo y te enfocas en fortalecer la conexión entre ustedes dos.
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Otro ejemplo: En lugar de esperar que tu pareja te haga feliz (mal amor), reconoces que tu felicidad depende de ti mismo y que la relación es un complemento a tu vida, no su razón de ser (Buen Amor). Buscas actividades que te llenen y compartes esa felicidad con tu pareja.
Cultivar el Buen Amor requiere autoconocimiento, comunicación honesta, disposición al cambio y, sobre todo, respeto mutuo. Implica abandonar las expectativas irreales, aceptar las imperfecciones de la pareja y trabajar juntos para construir una relación sólida y enriquecedora.
En resumen, el Buen Amor no es un destino, sino un camino. Un camino que se construye día a día con pequeñas acciones, palabras amables y una actitud de apertura y comprensión.