
Había una vez en un pequeño pueblo llamado Villa Alegre, dos amigos: Sofia y Manuel.
Sofia siempre llegaba a tiempo a todas partes. Manuel, en cambio, siempre llegaba tarde.
Un día, la escuela anunció un concurso de pintura. El premio era un viaje a un famoso museo de arte en la capital.
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Sofia y Manuel estaban muy emocionados. Ambos eran muy buenos pintores y querían ganar el premio.
El concurso era el sábado a las 9:00 de la mañana en la plaza del pueblo. Las instrucciones eran muy claras: los participantes debían llegar puntualmente.
Sofia preparó sus pinturas y pinceles el viernes por la noche. Se aseguró de poner su despertador para no quedarse dormida.
Manuel también estaba emocionado. Pero pensó que tenía mucho tiempo y decidió quedarse jugando videojuegos hasta tarde.

El sábado por la mañana, Sofia se despertó temprano. Desayunó con calma y se dirigió a la plaza del pueblo.
Llegó a las 8:45, quince minutos antes de la hora. Vio que algunos niños ya estaban instalando sus caballetes.
Manuel, en cambio, se quedó dormido. Su despertador sonó, pero lo apagó y siguió durmiendo.
Despertó a las 9:15 de la mañana. Se dio cuenta de que llegaba tarde al concurso.
Se vistió rápidamente y corrió hacia la plaza. Llegó sin aliento a las 9:30 de la mañana.

Cuando llegó, vio que el concurso ya había comenzado. Los jueces estaban observando a los niños pintar.
Manuel se acercó a uno de los jueces y le explicó lo que había pasado. El juez le dijo que las reglas eran claras y que no podía participar porque había llegado tarde.
Manuel se sintió muy triste y avergonzado. Se dio cuenta de que su falta de puntualidad le había costado la oportunidad de participar en el concurso.
Sofia, por otro lado, estaba pintando con mucha concentración. Estaba creando un hermoso paisaje del pueblo.
Puso todo su esfuerzo y talento en su pintura. Quería ganar el viaje al museo de arte.

Cuando terminó el tiempo, los jueces revisaron todas las pinturas. Después de deliberar, anunciaron al ganador.
El ganador fue… ¡Sofia! Sofia no podía creerlo. Estaba muy feliz y emocionada.
Recibió su premio: el viaje al museo de arte en la capital. Agradeció a los jueces y a sus padres por su apoyo.
Manuel se acercó a Sofia y la felicitó. Le dijo que se merecía el premio porque siempre era responsable y puntual.
Sofia le agradeció a Manuel sus palabras. Le dijo que la puntualidad era muy importante para lograr sus metas.

Manuel aprendió una valiosa lección ese día. Se dio cuenta de que la puntualidad no solo era importante para llegar a tiempo a los lugares, sino también para aprovechar las oportunidades.
Desde ese día, Manuel se esforzó por ser más puntual. Puso su despertador más temprano y se aseguró de planificar su tiempo.
Con el tiempo, Manuel se convirtió en una persona muy responsable y puntual. Logró muchas cosas en su vida gracias a su nueva actitud.
Sofia y Manuel siguieron siendo buenos amigos. Ambos aprendieron la importancia del valor de la puntualidad.
Fin