
La Intervención Norteamericana en México, también conocida como la Guerra México-Estados Unidos, ocurrió entre 1846 y 1848. Fue un conflicto armado resultante de la expansión territorial estadounidense y la anexión de Texas, previamente parte de México, por los Estados Unidos.
Un aspecto clave fue la anexión de Texas en 1845. México nunca reconoció la independencia de Texas ni su posterior incorporación a los Estados Unidos, lo que generó tensiones fronterizas y reclamos territoriales superpuestos. Esto, sumado a las ambiciones expansionistas estadounidenses, fue un detonante importante.
Otro elemento crucial fue la disputa sobre la frontera entre Texas y México. Estados Unidos reclamaba que la frontera era el Río Grande (Río Bravo para los mexicanos), mientras que México insistía en que era el Río Nueces, significativamente más al norte. Esta discrepancia territorial fue el pretexto para el inicio de las hostilidades.
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La guerra se desarrolló en varias etapas y frentes. Las fuerzas estadounidenses invadieron territorio mexicano desde el norte, capturando ciudades como Monterrey y Saltillo. También hubo campañas navales en las costas del Pacífico y del Golfo de México. Una campaña particularmente importante fue el desembarco en Veracruz y la posterior marcha hacia la Ciudad de México.

La guerra culminó con la ocupación de la Ciudad de México en septiembre de 1847. Tras intensos combates, las fuerzas estadounidenses tomaron el Castillo de Chapultepec, un evento significativo en la historia mexicana.
El resultado de la Intervención Norteamericana fue el Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado en 1848. México cedió a Estados Unidos un vasto territorio que incluye los actuales estados de California, Nevada, Utah, la mayor parte de Arizona, y partes de Nuevo México, Colorado, Wyoming y Kansas. A cambio, Estados Unidos pagó 15 millones de dólares.

Un ejemplo de la pérdida territorial es California. Previamente parte de México, su rica economía y posición estratégica la hicieron un objetivo clave para la expansión estadounidense. Otro ejemplo es Nuevo México, un territorio histórico con una fuerte cultura hispana, que también pasó a formar parte de Estados Unidos.
La Intervención Norteamericana y sus consecuencias, como la pérdida de territorio, siguen siendo relevantes en la comprensión de las relaciones entre México y Estados Unidos en la actualidad. Afecta la identidad nacional mexicana y sirve como un recordatorio de la desigualdad de poder en las relaciones internacionales. El estudio de este evento histórico ayuda a comprender las complejas dinámicas políticas y sociales entre ambos países.