
La base de todo: Una reacción de óxido-reducción, o redox, es una reacción química donde hay una transferencia de electrones entre especies. En términos sencillos, una sustancia pierde electrones (se oxida) mientras que otra gana electrones (se reduce). Siempre ocurren juntas: ¡no puede haber oxidación sin reducción!
¿Cómo identificarlas en tu entorno? Busca cambios en el número de oxidación de los elementos. Aunque calcular el número de oxidación puede ser complicado, hay pistas fáciles. Por ejemplo, la corrosión del hierro (oxidación) es una reacción redox muy común. El hierro (Fe) reacciona con el oxígeno (O2) del aire y la humedad, formando óxido de hierro (Fe2O3), la familiar herrumbre. El hierro se oxida (pierde electrones) y el oxígeno se reduce (gana electrones).
Otro ejemplo cotidiano es la combustión. Cuando quemas madera, gas o cualquier combustible, estás viendo una reacción redox. El combustible (que contiene carbono e hidrógeno) se oxida al reaccionar con el oxígeno del aire, produciendo dióxido de carbono (CO2) y agua (H2O). El carbono y el hidrógeno del combustible se oxidan, y el oxígeno se reduce.
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La respiración celular también es redox. Nuestras células utilizan el oxígeno que respiramos para oxidar la glucosa (azúcar) que obtenemos de los alimentos, produciendo energía, CO2 y agua. La glucosa se oxida y el oxígeno se reduce. ¡Es la forma en que obtenemos energía para vivir!
¿Qué utilidad tiene saber esto? Entender las reacciones redox te ayuda a comprender muchos fenómenos del mundo. Desde la prevención de la corrosión (pintando metales para aislarlos del oxígeno) hasta el funcionamiento de las baterías (que utilizan reacciones redox para generar electricidad), ¡las reacciones redox están por todas partes! Incluso, el proceso de desinfección con cloro en el agua es una reacción redox. Así que la próxima vez que veas algo oxidándose, quemándose o incluso respirando, ¡recuerda las reacciones redox!