
¿Alguna vez te has preguntado cómo nuestros ancestros en México se lavaban las manos antes de que existieran las marcas de jabón que conocemos hoy? La respuesta, en parte, está en el náhuatl, la lengua de los aztecas. Entonces, ¿cómo se dice jabón en náhuatl? La respuesta es: amole.
Pero amole no solo es la palabra. También se refiere a ciertas plantas que eran usadas como jabón. Piénsalo como un jabón natural. Pero, ¿cómo funciona?
El amole funciona gracias a unas sustancias llamadas saponinas. Estas saponinas son como pequeñas moléculas que tienen una parte que le gusta el agua (hidrofílica) y otra parte que le gusta la grasa (lipofílica). Cuando frotas una planta de amole con agua, las saponinas se liberan y ayudan a que la grasa y la suciedad se mezclen con el agua. Imagínate que tienes un plato sucio con aceite. Si solo le pones agua, el aceite no se va. Pero si usas jabón, el aceite se desprende y se va con el agua. El amole hace algo parecido.
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Para usarlo, las personas tradicionalmente machacaban la raíz o el bulbo de la planta de amole con agua, creando una espuma. Luego, usaban esa espuma para lavarse las manos, la ropa, e incluso el cabello. ¡Era un limpiador multiusos!

Ahora, ¿por qué importa saber esto? Primero, nos conecta con nuestro pasado. Conocer la palabra amole y cómo se usaba nos da una idea de cómo vivían nuestros antepasados y cómo resolvían sus necesidades con los recursos naturales que tenían a su alcance. Segundo, nos enseña sobre la biodiversidad y el conocimiento ancestral. Existen diferentes tipos de plantas de amole, cada una con sus propias características. Estudiarlas puede abrirnos los ojos a nuevas formas de crear productos de limpieza más sostenibles y respetuosos con el medio ambiente. Por último, nos recuerda que la ciencia no es algo nuevo, sino que ha estado presente en las culturas indígenas durante siglos, aunque a veces no la llamemos "ciencia" formalmente.
Así que la próxima vez que uses jabón, recuerda la palabra amole y el ingenio de las personas que la usaron para mantenerse limpios mucho antes de que existieran los jabones modernos.