
Los antimicrobianos son cruciales para combatir las infecciones causadas por microorganismos. Estos microorganismos pueden ser bacterias, hongos, virus y parásitos. Su clasificación según su mecanismo de acción es fundamental para comprender cómo funcionan y seleccionar el tratamiento adecuado.
Inhibición de la Síntesis de la Pared Celular
Muchas bacterias tienen una pared celular que les proporciona forma y protección. Algunos antimicrobianos actúan inhibiendo la síntesis de esta pared. Esto debilita la célula bacteriana, llevándola a su lisis (ruptura).
Un ejemplo clave son los betalactámicos. Este grupo incluye las penicilinas (como la amoxicilina) y las cefalosporinas (como la cefalexina). Estos fármacos se unen a enzimas llamadas proteínas fijadoras de penicilina (PBPs). Estas enzimas son necesarias para construir la pared celular bacteriana. Al inhibir estas enzimas, la pared celular no se forma correctamente.
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Otro ejemplo es la vancomicina. Esta se une a los precursores de la pared celular impidiendo su ensamblaje. Es especialmente útil contra bacterias resistentes a los betalactámicos, como el Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (MRSA).
Inhibición de la Síntesis de Proteínas
Las bacterias necesitan sintetizar proteínas para sobrevivir y reproducirse. Algunos antimicrobianos bloquean este proceso vital. Lo hacen uniéndose a los ribosomas bacterianos, que son las fábricas de proteínas de la célula.

Los aminoglucósidos (como la gentamicina y la estreptomicina) se unen a la subunidad 30S del ribosoma bacteriano. Esto causa una lectura incorrecta del código genético y la producción de proteínas defectuosas. Estas proteínas defectuosas son tóxicas para la bacteria.
Las tetraciclinas (como la doxiciclina) también se unen a la subunidad 30S del ribosoma. Pero, en lugar de causar una lectura incorrecta, impiden que el tRNA (ARN de transferencia) se una al ribosoma. Esto bloquea la adición de nuevos aminoácidos a la cadena proteica en crecimiento.
Los macrólidos (como la eritromicina y la azitromicina) se unen a la subunidad 50S del ribosoma. Esto bloquea la translocación, que es el movimiento del ribosoma a lo largo del mRNA (ARN mensajero). Por lo tanto, detiene la síntesis de la proteína.

Inhibición de la Replicación y Transcripción del ADN
El ADN es el material genético de las bacterias. Algunos antimicrobianos interfieren con la replicación (copia) y la transcripción (lectura) del ADN. Esto impide que la bacteria se divida y se replique.
Las quinolonas (como la ciprofloxacina y la levofloxacina) inhiben las enzimas ADN girasa y topoisomerasa IV. Estas enzimas son necesarias para el enrollamiento y desenrollamiento del ADN durante la replicación. Al inhibirlas, el ADN se daña y la bacteria muere.
La rifampicina inhibe la ARN polimerasa dependiente del ADN. Esta enzima es esencial para la transcripción del ADN a ARN. Al bloquear la transcripción, se impide la síntesis de proteínas y la bacteria no puede sobrevivir.

Inhibición de Vías Metabólicas Esenciales
Algunos antimicrobianos interfieren con las vías metabólicas que son cruciales para la supervivencia bacteriana. Bloquean la producción de sustancias esenciales que la bacteria necesita.
Las sulfonamidas (como el sulfametoxazol) inhiben la enzima dihidropteroato sintetasa. Esta enzima es necesaria para la síntesis del ácido fólico. El ácido fólico es esencial para la producción de ADN y ARN. Al inhibir su síntesis, se detiene el crecimiento bacteriano.
El trimetoprim inhibe la enzima dihidrofolato reductasa. Esta enzima también está involucrada en la síntesis del ácido fólico. A menudo, se utiliza en combinación con sulfametoxazol para un efecto sinérgico (potenciado).

Daño a la Membrana Celular
La membrana celular controla lo que entra y sale de la célula bacteriana. Algunos antimicrobianos dañan esta membrana, causando fugas de contenido celular y la muerte de la bacteria.
La polimixina B se une a los fosfolípidos de la membrana celular. Esto altera su permeabilidad y causa la lisis de la célula bacteriana. Se usa principalmente para infecciones por bacterias Gram-negativas resistentes.
En resumen, la clasificación de los antimicrobianos según su mecanismo de acción proporciona un marco valioso para entender cómo funcionan estos fármacos. Conociendo el mecanismo, se puede seleccionar el antibiótico más adecuado para cada infección, teniendo en cuenta la sensibilidad del microorganismo y las características del paciente.