
En las fases finales del parto, la labor de enfermería durante la expulsión y la recuperación postparto es fundamental. Se centra en la seguridad de la madre y el recién nacido, brindando apoyo físico y emocional.
Labor de Expulsión
La expulsión se refiere al período que comienza cuando la dilatación del cuello uterino es completa (10 cm) y termina con el nacimiento del bebé. Durante esta fase, la enfermera tiene un papel crucial en la monitorización y asistencia activa.
Uno de los aspectos principales es la monitorización de las contracciones uterinas. Se evalúan la frecuencia, duración e intensidad para asegurar un progreso adecuado. Se registra también la frecuencia cardíaca fetal para detectar signos de sufrimiento fetal. Se comunica cualquier anomalía al médico inmediatamente.
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Se asiste a la madre durante el pujo. Se le explica cómo y cuándo pujar, coordinando el pujo con las contracciones. Se le apoya en la posición que le resulte más cómoda (sentada, en cuclillas, de lado) siempre que sea segura para ella y el bebé. La comunicación clara y el ánimo son esenciales para empoderar a la madre durante este intenso proceso.
Durante la salida de la cabeza del bebé, la enfermera puede realizar maniobras para proteger el periné materno y prevenir desgarros. Se realiza una evaluación rápida del recién nacido inmediatamente después del nacimiento para asegurar que respira y tiene buen color. Se seca al bebé y se coloca piel con piel con la madre para promover el vínculo y mantener la temperatura corporal.

Labor de Recuperación Postparto Inmediata
La fase de recuperación postparto inmediata comienza después del nacimiento de la placenta y dura aproximadamente dos horas. El objetivo principal es la prevención de la hemorragia postparto y la evaluación del bienestar materno.
Se monitoriza la tonicidad uterina. Se realizan masajes uterinos para ayudar al útero a contraerse y disminuir el sangrado. Se evalúa la cantidad de sangrado vaginal (loquios) y se registra. Un sangrado excesivo debe ser reportado inmediatamente al médico.

Se evalúan los signos vitales de la madre (presión arterial, pulso, respiración, temperatura) para detectar cualquier signo de complicaciones como hipotensión o infección. Se revisa la vejiga para asegurar que se está vaciando correctamente, ya que la retención urinaria puede interferir con la contracción uterina.
Se brinda apoyo a la madre en el inicio de la lactancia materna si así lo desea. Se le ayuda a colocar al bebé al pecho y se le da información sobre técnicas de amamantamiento y cuidado del bebé. Se observa la interacción madre-bebé para detectar cualquier dificultad y ofrecer apoyo adicional.

El alivio del dolor es fundamental. Se administran analgésicos según la prescripción médica y se ofrecen medidas no farmacológicas como compresas frías o calientes para aliviar el dolor perineal. Se anima a la madre a descansar y recuperarse después del parto.
Consideraciones Adicionales
Es crucial recordar que cada parto es único. Las necesidades de cada madre y bebé varían. La enfermera debe ser flexible y adaptable a las circunstancias individuales. La comunicación efectiva con la madre, la familia y el equipo médico es esencial para garantizar una atención segura y de calidad.
La documentación exhaustiva de todas las intervenciones y observaciones es fundamental para garantizar la continuidad de la atención y cumplir con los requisitos legales. Una atención centrada en la paciente, basada en la evidencia y con un enfoque holístico, es la clave para una experiencia de parto positiva y segura para la madre y el recién nacido.