
A finales del siglo XIX, la élite mexicana adoptó estilos... ¿Pero qué estilos? Principalmente, estilos europeos, especialmente franceses, en una búsqueda de modernidad y distinción. Se trató de una imitación consciente de la cultura europea, vista como superior y un símbolo de progreso.
Una de las razones principales para esta adopción fue el deseo de la élite de distanciarse de las clases populares y de la imagen de un México "atrasado". Después de la Independencia, y con la llegada de Porfirio Díaz al poder, se buscó proyectar una imagen de un país moderno y civilizado ante el mundo. La cultura francesa, con su refinamiento y elegancia, se convirtió en el modelo a seguir.
Esto se manifestó de diversas maneras: en la arquitectura, por ejemplo, las casas y edificios públicos se construyeron siguiendo estilos franceses como el neoclásico y el afrancesado. Pensemos en el Palacio de Bellas Artes, un claro ejemplo. En la moda, las damas de la alta sociedad vestían con trajes importados de París, con corsés, encajes y sombreros elaborados. Los hombres también adoptaron trajes elegantes al estilo europeo. En la literatura y el arte, se imitaban los estilos y temas europeos. Hasta en la comida se adoptaron platillos franceses y se crearon versiones mexicanas de postres franceses.
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¿Cómo podemos relacionarnos con esto hoy? Podemos ver ejemplos de esta influencia en la arquitectura de muchas ciudades mexicanas, especialmente en el centro histórico de la Ciudad de México. También podemos reflexionar sobre cómo las ideas de progreso y modernidad, a menudo asociadas con la cultura europea, influyeron en la identidad nacional mexicana. Entender esta adopción de estilos europeos nos ayuda a comprender mejor la historia y la cultura de México y cómo se ha construido su identidad a lo largo del tiempo. La próxima vez que veas un edificio afrancesado, ¡ya sabrás por qué está ahí!